Tregua

¿Por qué no dejar un sólo momento todo tu odio? Deja de apretar las
heridas, permítete sangrar. Olvida por un instante que sigues
muriendo.

Es sólo un momento, detén el río. Detenlo con tu mirada triste,
tristísima. Deja escapar la presión del milagro, son sólo unas gotas,
o ríos pequeños, pequeñísimos, salvando obstáculos, son ríos pequeños
que se dirigen al mismo encuentro, llamados al lugar de tu tumba. Olvida
las representaciones, ¿o es el río?, sabes que un río no puede
detenerse con los ojos. Tus ojos. El descenso de ríos, o río, todos
los ríos son el mismo, como prueba el océano.

¿No estás mejor? Observa la placidez de tu sangre que te abandona. La
placidez de dejarse a uno mismo, ¿ves?, ya no odias, ya no me odias.

Pero todo termina.

No el recuerdo, no el recuerdo qué es odio y te alimenta.

Por eso te olvido, porque puedo, basta un motivo, a saber, un trasero
o tres versos de ella.

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